La MLB desembarca en Europa

El deporte norteamericano levanta pasiones, de eso no cabe ninguna duda. Y no solo lo hace dentro de su país sino que en el extranjero cada vez son más y más los seguidores que cada jornada disfrutan con el espectáculo que se ofrece al aficionado cada vez que uno de sus equipos sale al campo.

Las grandes ligas estadounidenses, siempre deseosas de encontrar nuevos mercados en los que expandirse, no han dudado en buscar acomodo en nuevos países y primero la NBA y luego la NFL salieron de sus fronteras para recalar en suelo europeo. Y ahora le ha tocado el turno a la MLB, que ha decidido apostar fuerte por el espectador del viejo continente tras su exitoso paso por Australia, México, Puerto Rico o, este mismo año, Japón.

La apuesta tenía su riesgo, no podemos ocultarlo. Los países antes mencionados y ya visitados por los equipos de la MLB cuentan con una masa de aficionados muy fiel y entendida en béisbol, un deporte que levanta auténticas pasiones en muchas naciones. En lugares como Cuba, República Dominicana, Japón, Venezuela, Puerto Rico o Corea del Sur está considerado como el deporte más popular con diferencia sobre los demás. Pero eso en Europa no ocurre, aquí el deporte mayoritario es el fútbol y la mayoría de la gente desconoce siquiera las reglas básicas de un partido de béisbol. Por ello dar el salto para cruzar el océano Atlántico era un riesgo que la MLB no ha dudado en correr.

El lugar elegido, como no podía ser de otra forma, fue Londres. Los fuertes lazos de unión entre las dos culturas anglosajonas hacen que éste sea siempre el punto ideal para realizar este tipo de partidos. Pero en esta ocasión, al contrario de lo que hace la NFL, la serie elegida no iba a ser una cualquiera sino que iba a enfrentar a los actuales campeones del mundo, los Boston Red Sox, frente al equipo más laureado de la historia, los New York Yankees. Dos equipos que, además, cuentan con la mayor y más antigua rivalidad existente en cualquier deporte en cualquier país. Si usted, amigo lector, creía que la rivalidad de su equipo era la más grande, ya le digo desde ahora que ni se acerca a lo que existe entre los dos conjuntos de la costa este americana.

La empresa tenía aun más dificultades que había que subsanar, como la de buscar una ubicación en la que se pudiera jugar al béisbol. Los estadios de fútbol no valen porque son demasiado pequeños, y el Oval de cricket quizás era demasiado grande y con las gradas lejos de la acción directa. Al final se decidió disputar la serie en el Estadio Olímpico, reconvertido a campo de fútbol y sede actual del West Ham United de la Premier League pero al que el añadido de su pista de atletismo otorgaba unas dimensiones extra que se adecuaban casi a la perfección para la práctica del béisbol.

Y llegaba la parte más difícil, convencer a los aficionados europeos de acudir a ver dos partidos de la MLB. En un continente en el que el fútbol domina de forma casi tiránica los gustos deportivos del aficionado medio, no estaba nada claro que las entradas pudieran venderse bien. Pero vaya si lo hicieron, es más, ¡volaron! Y no sólo adquiridas por los británicos (el 70%, eso sí) sino también por seguidores de hasta 28 países distintos (muchos de ellos españoles) que llenaron las 60.000 localidades del estadio en las dos jornadas disputadas.

Durante los dos días de competición las colas para acceder a las tiendas oficiales de la MLB se perdían en lontananza, las decenas (quizás hasta más de 100) de puestos de comida y bebida alrededor del estadio o en el interior de él estaban siempre repletos de gente, que no hacía más que entrar y salir del recinto en busca de algo con lo que mitigar el inmenso calor de las dos jornadas, sobre todo la del sábado. El ambiente no era para nada el de un evento deportivo londinense sino que la MLB había conseguido trasladar no solo el deporte sino también el más puro estilo norteamericano de lo que ellos entienden por diversión y espectáculo.

La satisfacción de los rectores de las grandes ligas de béisbol era más que evidente. La serie del próximo año entre Chicago Cubs St.Louis Cardinals (dos equipos que también mantienen una gran rivalidad) ya está garantizada y la sensación de Rob Manfred, comisionado de la MLB, es que este rotundo éxito prácticamente ha asegurado la celebración de al menos una serie anual en Europa. Y decimos Europa porque la idea es la de ampliar en un futuro el abanico de ciudades candidatas a recibir alguno de estos encuentros, entre las que podría haber alguna española. Aunque, eso sí, hablamos de un proyecto todavía a medio plazo y en estudio.

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